La belleza —o no— de ser madres

Cuando pienso en lo hermoso de ser madre, también me llega otro pensamiento casi en paralelo: “ojalá que a mi chica no le de con ser mamá”. —

Tengo claro que el mismo sentimiento de protección es el que me lleva a ser un poco egoísta.

Imaginen, ante un rol que te exige tanto y tanto, cuesta conciliar nuestros intereses y necesidades con los de ellos. Otras veces, hasta olvidamos que caminamos y respiramos aparte de nuestros retoños.

Así, es normal que quiera lo menos complicado para ella.

Y me imagino que algo similar les ha pasado.

El mismo sentido de protección juega en contra, es como dos caras de una moneda; por un lado se trata de economizarle sacrificios, preocupaciones y malos ratos, pero también de privarlos de alegrías y experiencias necesarias para crecer y desarrollarse.

Hasta que crezcan lo suficiente, viviremos para sopesar, poner en perspectiva las cosas y llevar un buen balance. Porque gracias a estos seres que nos hicieron madres descubrimos sentimientos y vivimos los momentos más tiernos y estremecedores que jamás pensamos y no podemos darles menos.

La belleza der ser madres

  1. Las que somos madres sabemos que el verdadero amor llega con los hijos, y que al lado de ese amor ilimitado, todo lo anterior hasta parece un ensayo, un semestre de práctica.
  2. Nosotras podemos reconocer que tenemos varios intereses, pero basta con que nos miren y nos digan “quédate” para que el corazón se nos haga trozos mientras cerramos la puerta.
  3. Somos de las que recordamos cómo lloramos de alegría cuando escuchamos su llanto la primera vez, cuando al fin estaban fuera de nosotras, y sólo pensábamos “déjame verte”.
  4. Ese mismo día, al tenerlos en brazos, nos sentimos pequeñas y supimos que protegerlos y darles lo mejor, sería nuestra asignación constante. No sabíamos si lo lograríamos, pero al verlos tan indefensos, nos hemos lanzado y no pensamos dejarlo.
  5. La primera vez que se partieron el labio y la mitad de un diente, nos recordaron que por más que queramos, no controlamos el universo y que aunque la intención es cuidarlos hasta de un suspiro, intentar hacerlo sirve de poco y no es saludable para nadie.
  6. Así han ido creciendo, sorprendiéndonos y dejándonos claro que no importa tanto lo que digamos, ellos ven e imitan nuestras acciones, para bien o para mal. Esta es la enseñanza que nunca quiero olvidar, pero cuesta.Madres
  7. Tenemos claro que alimentar la confianza y seguridad en ellos es tan necesario como brindarles un ambiente de amor, de comprensión. Debemos lograr, como madres, que confíen en nosotras, evitar decepcionarlos y, si lo hacemos —porque nadie es perfecto— al menos tener una razón de peso.
  8. Nos sorprende lo rápido que se ha ido el tiempo, lo mucho que saben y cómo, poco a poco, van superando algunos miedos. Iba a pasar, es normal; nosotras hemos estado al lado de ellos.
  9. Sabemos que el deporte, las artes y cualquier tipo de exposición social les viene bien. Así, visitamos la Isla si hace falta y los llevamos, a veces sin ganas, y con el único deseo de verlos crecer felices.
  10. Cada cierto tiempo, redescubrimos cómo nos han cambiado la vida, la mente y el cuerpo; ha llegado la sensatez, la flacidez, las canas y las arrugas y nos proclamamos orgullosas; nos han dejado a uno de los seres más encantadores de nuestra vida.

Sólo me queda recordarles que por eso y más ADORO a mi hija <3 <3 <3 “desde la raíz (de la Tierra) hasta el infinito dando miles de vueltas”, como dice ella 🙂

 

 

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