#SorryNotSorry: probamos 3 cocteles con Fireball

La buena -o mala- suerte de tener más tiempo para ver Jessica Jones en Netflix, estar con la familia o hacer lo que realmente nos gusta, era motivo de una reunión.

Quedé en ver a unas amigas muy queridas en una pizzería santurcina y cuando llegó una de las 100% millenials del grupo, también había llegado el momento de probar Fireball.

Se trata de un whisky canadiense infusionado con canela que goza de mucha aceptación globalmente. Tanta es su popularidad que ya en la web abundan artículos sobre cuál será su sucesor.

Esto a lo mejor porque para  algunos bartenders con los que he  hablado la bebida es lo que para muchos son las Kardashians; populares aunque con poco contenido y, para rematar, demasiado dulce

Pero al final de cuentas, lo que importa para algunos profesionales de la barra es que esta bebida puede interrumpir la delicada tarea de desarrollar el paladar de las generaciones más jóvenes, obviando el mundo de propuestas dentro de la mixología.

Tragos con Fireball (2)
(Bodega Blush)

Cabe mencionar que en el 2014, el producto fue llamado a revisión en Finlandia, Suecia y Noruega por su alto contenido de glicol de propileno ya que las regulaciones de estos países son distintas a las de  Estados Unidos y Canadá.

Ya volviendo a nuestro date de jevas, mi encuentro con Fireball se dio desde un shot glass, que es como usualmente se toma el popular whisky. De entrada, el kick que resulta del 33% de alcohol despertó mi paladar ya familiarizado con la cerveza light y la pizza de queso del día. Fireball me resultó dulce e intenso, como a veces también se dan los buenos besos, en el primer encuentro. Una pena que en semanas siguientes me diera cuenta de lo mucho que se asemeja a los chicles de canela, 1998.

En la Isla, a lo mejor su sabor y precio son sus mayores atractivos, pero apenas acababa de probar el whisky que algunos conocedores denominan como licor, mejor dejemos que mi amiga Janice cuente su experiencia con la popular bebida.


 

Evangelista del Fireball

Mi experiencia con el whiskey es nula. Quizá debamos revisitar mi historial de bebelata para entender el por qué de esta afirmación.

A los 17 años comencé con el Ponte Vecchio, que nos lo vendían en un supermercado a pesar que parecíamos de doce años. De ahí a la IUPI, Medalla y Schaeffer, siendo esta última mi favorita. Luego de varios años de aclimatar el paladar a estas delicias (whatever a los haters), hice el step up. De ahí al primer trabajo, lo que significó hacer ese paso upscale al vino ($10 o menos, Undurraga ni pa’ Dios).

Nos adentramos al 2015, cuando la cosa no estaba tan mala. Visité el espacio de Loíza 2050 con unas amistades. Apenas conocía toda la subcultura de la coctelería.

Le dije a la bartender: “Quiero algo que no sea cerveza… pero tampoco me gustan los tragos”. Odio ponerlos en esta posición, porque sé que tienen mil cosas que hacer y la última de ellas es hacer un brainstorming a ver con qué me pueden complacer

Anyways, la chica me dice que hay un whiskey de canela, que mezclado con ginger beer hace un trago que quizá sea de mi gusto. Y lo fue. Aquel whiskey se llamaba Fireball y desde entonces pregoné su evangelio a todas mis amistades.

Bodega Blush Fireball (2)
Listas para probar algunos cocteles, desde la izquierda: Claudia Hilario, Frances Solá y Sindia Pérez. (Foto: Janice Mejías)

A prueba de cocteles

La cuestión es que tengo esta amiga, Amanda, uno de los mejores seres humanos que ha caminado la faz de esta tierra, que resulta que tiene un gran gusto por los musicales y por la coctelería. Ella me conoce bien, sabe lo que me gusta y lo que con mucha cordialidad trataré de decirle que odio.

Bodega Blush Fireball (5)
Amanda Ríos, nuestra bartender favorita y quien además trabaja en 1041 Gastronomía de Barrio. (Foto: Janice Mejías)

Cuando le pedí que me hiciera par de tragos con Fireball —porque honestamente no sé con qué mezcla eso aparte de malas decisiones— su cara se descompuso. Me dijo: “El Fireball es como la Gasolina del whiskey. Eres una puerca”. Y en efecto, quizá lo soy

Pero la realidad es que no podemos ignorar que ha sido un palo (pun intented) a nivel mundial. Al punto que Amanda me comenta que las barras dedicadas a la coctelería han tenido que ofrecer sus versiones de este whiskey confeccionadas a mano.

Porque ella es la mejor, le dimos una semana para que pensara varios cócteles que podría confeccionar con el Fireball. Y como era de esperarse, no defraudó.

 

 

 

Claudia Hilario

Fundadora y Editora

Dominicana criada en Puerto Rico. Le encanta la pizza y la cerveza fría, casi tanto como el chocolate caliente. Prefiere el maquillaje relativamente sencillo y trata de reusar y reciclar mucho de lo que va a parar a su casa. Trabajó por 10 años en GFR Media como editora y reportera de Suplementos Primera Hora.

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