Vacaciones y más vacaciones. Eso es lo que el cuerpo nos pide siempre que comienza el verano. Para algunos es un momento de relajación plena y para otros, la ocasión ideal de conocer un nuevo rincón de la Isla. En este caso, se trató de mi primera vez en Vieques.

Como descubrirán, puede ser que esta nota sirva, en especial, para las que como yo no habían ido. Pero igual, como en todo, siempre es bueno tener varias perspectivas de un mismo asunto. Y, para que se les haga más rápido leerlo todo, empecemos.

El Ferrie en Fajardo y el taxi

Las dos veces que he ido a Culebra, ha sido en ferrie. Creo que me niego a pagar más de $2 para ir de un lado a otro.

Aunque es cierto que puede ser más cómodo en avión, irte en barco es una oportunidad para conocer su gente, el área de desembarque, ver la movida del lugar y hasta comprar una cerveza en la barrita de la esquina. El trayecto es de una hora aproximadamente, los asientos son cómodos y tienen un área designada para el equipaje. Así que no es tan malo.

Antes de pisar tierra, el desembarque es relativamente cómodo. Eso sí, adelántate unos minutos antes, recoge tus cosas y sé de las primeras en salir del ferrie.

En cuanto al taxi, desde el puerto hasta el hotel fueron $15. Anda con efectivo.

La belleza de la hospedería

Llegamos a a la Isla Nena (mi pareja y yo) en gran parte atraídos por la belleza del hotel W en Vieques y la hermosura de una oferta. De otra manera no nos hubiéramos quedado en esta hospedería que resultó ser todo un encanto.

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Desde sus alrededores, el lobby, los muebles —diseño a cargo de la Patricia Urquiola— y ese vibe zen que transmiten los espacios abiertos, la madera y los techos altos para mí, quedarme en este lugar era una asignación pendiente.

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En la habitación, les cuento que hay una bella tina en metal y los detalles en madera oscuro, crema y rojo no pueden faltar. Pero claro, la cama de los hoteles es lo que más te invita a descansar y sentirte en pleno comfort y la de este no era la excepción.

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Comida

Tuvimos que esperar apenas 20 minutos en lo que nos entregaban la habitación porque llegamos una hora antes del check-in. ¿Y para qué sirven 20 minutos sino para comer?

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Olvida el agua y la manzanas verdes que tenían en el lobby, nuestra primera comida en Vieques tenía arroz con gandules, carne frita, yuca frita, amarillos, aguacate… Todo un manjar criollo aunque el aguacate lo tuve que cambiar porque estaba algo estropeado. Pero igual fue un solo plato para compartir.

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Del hotel hasta Isabel 2 y La Esperanza

Durante los próximos días, comimos bastante en el hotel. Sólo fuimos dos veces a comer fuera como tal. Estábamos decididos a comer en negocios de dueños puertorriqueños, por lo que preguntamos antes, sobre dónde encontrarlos.

El primero fue en Isabela 2 y el último en el área de la Esperanza, cerca de El Block. Sin embargo, no les daré recomendaciones porque en el primero la comida le cayó mal a José, yo me fui de aperitivo, Medalla y shoots de Jack Danie’ls Fire y me salvé del mal rato.

Ya en el segundo, ni siquiera pudimos sentarnos; primero nos dijeron que estaban llenos que tendríamos que esperar para pedir y luego cuando accedimos y preguntamos si podía ofrecernos una mesa, la chica amablemente fue a preguntar y regresó con otra negativa. Definitivamente, un lugar que no recomiendo.

Playas y piscinas

La primera playa que pasamos a sentir la brisa fuerte y el intenso olor del mar quedaba a unos pasos frente a nuestra habitación con vista al mar. El oleaje estaba demasiado fuerte como para intentar meternos así que luego de tomar algunas fotos, nos fuimos a la piscina más privada del hotel construida con piedra volcánica. Rodeada de arbustos y árboles tropicales, esta piscina es obligatoria si vas con tu pareja.

La Chiva

Al otro día, decidimos alquilar un jeep para conocer algo de la isla. Entonces empezamos nuestro recorrido por Blue Beach como se llamaba durante la ocupación militar o La Chiva para los locales. Esta playa fue mi favorita y especialmente por dos razones: es súper privada y su arena es blanca. ¡Es hermosa!

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Caracas

Luego pasamos por Red Beach o Caracas, que más bien se siente como un balneario. Igual es bello y el oleaje más tranquilo que en la primera, pero no se siente como algo tan especial. Y no es que carezca de belleza y encanto, es que para mí, me gustó más La Chiva.

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Playa Negra

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Ya para concluir nuestro recorrido costero, durante el cual no faltó una botella fría de un chardonnay californiano, emprendimos la ruta hacia Playa Negra. Para llegar allí tienes que caminar unos 20 minutos y luego te encuentras con esta rareza de la naturaleza.

La arena es completamente negra, aunque de lejos tiende a verse gris.

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Pese a que la recomendación era no meterse al agua, lo tuve que hacer y no, no me pasó nada.

Para cerrar la estadía

Al día final, el plan era regresar a La Chiva, pero realmente, después de la mala noche que pasó José con la comida del día anterior, lo menos que le quedaban eran fuerzas. Así que la opción era simple: disfrutar de la piscina grande, desayunar algo en el café de la hospedería, entregar el Jeep, volver a la piscina, darme tres Peroni y comer algo antes de las 3:00 p.m.

En general, un break bien merecido y un destino al que me encantaría regresar para conocerlo mejor.

Otras cosas que debes saber:

  1. Si te vas en el ferrie, compra las taquillas dos horas antes. Mi recomendación es llegar temprano para aprovechar el día allá. En esta ocasión llegamos a eso de las 2:00 p.m.
  2. Protégete del sol siempre y los mosquitos. Esta medida no faltó ni un sólo día y fue lo mejor que hice. Tampoco dejé mi sombrero de ala ancha.
  3. Una opción para empacar ligero es llevar versátiles rompers; de las mejores decisiones.
  4. Pregunta a los taxistas y personas del pueblo sobre recomendaciones para comer, no sólo de dueños puertorriqueños, también de extranjeros, porque el buen servicio no es exclusivo de una u otra nacionalidad.
  5. Considera alquilar un golf cart para conocer la isla, aunque si piensas salir de noche, a lo mejor no sea una buena opción.
  6. Hay caballos en todas partes. Al guiar por las calles de Vieques, recuerda que te puedes encontrar con varios de ellos a cualquier hora.
  7. La comida en general es buena, pero no esperes un sabor espectacularmente marcado
  8. En cuanto a cócteles y tragos puedes encontrar de todo. En eso, la única mala experiencia fue que en el hotel pedí un trago que llevaba pepinillo y ginebra, pero estos no se sentían para nada. Terminé devolviéndolo y bebiendo agua.

 

 

 

 

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