Mínimo se merecen que les cuente mi más reciente papelón. Sobre todo después de estas semanas que me he tomado sin el permiso de nadie.

Ocurrió ayer y, se los juro, es la primera vez.

Es la primera vez que llego a un evento 24 horas antes.

Para que entiendan lo más penoso de esto (aparte de la vergüenza), empecemos: primero verifico que el valet parking es el correcto, camino dos locales y entro al que es,  saludo, pregunto por la actividad, me dicen que es mañana (hoy jueves) y tres segundos después de no creérmelo, lo primero en lo que pienso es en las pestañas postizas que llevo puestas.

Digo, porque si algo debe quedar claro acá es que no es lo mismo equivocarte, que equivocarte con todo y pestañas postizas.

papelon y pestanas 2
Este recogido pedía sus buenas pantallas (aretes) y pestañas postizas.

Si lo analizan, hasta es algo trivial, algo así como un first world problem. Pero igual, es un papelón demasiado bueno para quedármelo.

Además, no soy de las que me pongo pestañas postizas. Ayer, de hecho, era la primera vez en muchos años que por fin me las ponía sola, sin ayuda de alguien. Pero claro, un triunfo de ese tipo no se conforma con un maquillaje on point, no, nada que ver. Usualmente, hay que escalar los momentos, hacerlos grandes y trascender.

Así, en vez de sólo lograr ponerme las dichosas pestañas (me tomó 23 minutos y 8 intentos), lleguemos 24 horas antes a un evento. ¿Por qué no?

Por lo menos cuando llamé a mi querido José para contarle, ya él se lo imaginaba, y una amiga (de las más centradas e inteligentes) me dijo que también le ha pasado. Sus palabras me aliviaron por un momento, hasta que volví a pensar en las pestañas. En ese momento por suerte ya tenía este refrescante coctel en la mano.

papelon y pestanas 3
Este coctel lleva lleva vodka, ginebra, st. germain, pepinillo, basil y pimienta fresca. Con cada sorbo, me olvidaba del papelón. Not!
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