Nada como el inicio de año para sentirte llena de fuerzas, plantearte retos y creerte que puedes hacer lo que nunca has hecho. Incluso las primeras 13 millas o cualquier carrera que te haga salir de tu comfort zone.

Nos creemos invencibles, recuérdenlo.

Por eso decido contarles algo de lo que ocurrió cuando hice mi primer medio maratón.

Y lo más que había hecho era un 5K

Llego a este punto gracias a la suerte y el destino. Gané una promoción en Facebook, y es así como —sin corona ni tutu, y mucho menos entrenar— me da con hacer el Diva’s Half Marathon, en noviembre del 2016.

Primeras 13 millas (2)
Luego de “calentar” en el Viejo San Juan, de camino a Hato Rey tomando el expreso.

Ya sé que han pasado par de meses, pero recuerdo ese día bastante claro. ¡¿Cómo olvidarlo?!

Aliento necesario

La carrera estaba pautada para un domingo a las 6:00 a.m.. Pese a lo temprano y que no había entrenado, me energizaban y daban seguridad las palabras de mis amigas corredoras y caminantes: “¡Házlo!”, “tú puedes”, “come sal para los calambres”, “bebe mucha agua”, “date un masaje y bebe Tylenol cuando acabes”.

A mi chica de seis años le decía “yo puedo hacer esas 13 millas”.

Ella y su incredulidad burlona, también me ayudaron a decidirme por el medio maratón y no por el 5K. Era EL reto antes de rendirme a los manjares navideños.

¿13 millas con el backpack?

Pero no había dormido suficiente por la misma ansiedad de la carrera, estaba cansada. Para desayunar aposté por un café y dos rodajas de pan con mantequilla de maní. En mi bulto —ready con todo— llevaba un guineo, algunas barritas de energía, toalla, sobrecitos de sal y otra t-shirt.

La idea era guardar todo mi survival kit en los lockers del evento. Sólo llevarme lo necesario.

Primeras 13 millas (3)
En cada milla, realmente, quise quitarme. En unas mas que en otras.

Entonces, guié de Cupey hasta Condado a eso de las 5:15 del amanecer. Estacioné casi frente al Sizzler, del Centro de Convenciones, justo en la carretera, y desde ahí caminé hasta en el Sixto Escobar (El Escambrón) que era de donde saldría la carrera.

Casi eran las 6:00 de la mañana y yo caminaba algo apresurada con todo mi equipaje. Mientras me alejaba de Paseo Caribe, comenzaba a escuchar el beat noventoso y también la tercera llamada.

OMG!!! ¿En serio iban a ser los más puntuales?

Mi primer medio maratón y no hubo break de dejar el backpack mejor preparado de la historia. Hice las 13 millas con él a cuestas. Sí, estas cosas me pasan a mí.

Sólo imaginen subir por la Norzagaray, después de pasar tooodo el tramo del Capitolio, con este backpack de tela.

Para completar, en un momento dado, también se le rompieron los tirantes. El mental picture es claro: mujer de 35 años, súper suda (porque sudo de-ma-sia-do) tratando de joggear con un bulto debajo del brazo. Pues así terminé la carrera.

Pero antes del final, intentaré llevarlos a esos parajes encantadores en los que mi mente me decía, deja esta locura, desayuna y vete a dormir

La primera vez que esto pasó fue cuando bajamos del casco histórico y pasamos frente al Puente Dos Hermanos. Básicamente, en ese tramo, era el momento. Le pasé por el lado a mi guagua, y ella, por breves minutos, se mostró bella, parecía resplandesciente y mágica. Toda una mejor amiga.

Pero no me iba a quitar tan rápido. Le había dicho a mi hija que haría este medio maratón y sólo yo poseería la medalla más grande de la casa.

Recordando esto, llegué a la parte fea de la carrera, que es el expreso. En ese tramo hablé un rato con una de las que joggeaban. Ella me brindó uno de sus energy chews y luego siguió con su pace, evidentemente, más rápido que el mío.

Era menos de la mitad y ¡yo no podía casi respirar!

Cuando ella me dejó, comencé a ver las ambulancias orilladas en el expreso. No me sentía mal al punto de parar, no tenía calambres y podía seguir llevándome a mí y mi bulto.

Caminaba y joggeaba sin motivos para otro papelón, aunque con todas las ganas de que me rescatara la ambulancia

Así llegamos a Hato Rey, y doblé a la izquierda para coger la Avenida Ponce de León, pasando frente a  las oficinas del consulado de España. En ese momento, comencé a hablar con otra de las corredoras.

¿Los temas? Fueron un ir y volver sobre lo cansón de la carrera, de que esta es nuestra primera y última, que ir al gym es mil veces mejor. En fin, que no volvíamos ever.

Primeras 13 millas (4)
Ya en Hato Rey, faltaban CINCO millas.

Ya al final

Con ella me quedé hasta antes de bajar por el Museo de Arte de Puerto Rico y el SuperMax de Condado. Crucé la Calle Loíza y ya cuando iba a doblar a la izquierda para tomar la Avenida Ashford, aparece Blonda al lado contrario.

Nuevamente, las ganas de retirarme a comer, invadieron mi mente. Sólo pensaba en un croissant y un café caliente. Sólo eso

No me detuve.

Continué la recta final, desde Condado hasta el Escambrón. Ya ahí, cuando vi la milla #11 —a la altura del Hotel Condado Plaza— claramente identificada, retomé correr y no paré.

Me dije: avanza y termina esto que llevas tres horas y este sol no era

Así acabé mi primer y único medio maratón: en un tiempo de 3:10 y siendo la 481 de 617 participantes. Yeeeeyyy!!!

Lo terminé, también,  con cero ánimo de tomarme fotos con los guapos modelos que, sin camisa ni vellos, te esperaban después del champán rosado. Mejor les pedí que me la tomaran a mí. Necesitaba estirar, quitarme los tenis un rato y y enviar un texto puntual: alguien que venga a recogerme, no puedo caminar.

Primeras 13 millas a (1)
La sonrisa de “estoy destruida, no puedo caminar”.
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